Julio Serrano -Guatemala-

(Xelajú, Guatemala 1983)  Poeta. Terminó sus estudios de Literatura hispanoamericana en la Universidad de San Carlos de Guatemala, ha participado en espacios formativos relacionados al cine y las artes visuales. Ha sido becario de la Fundación Carolina en España, de la Residencia para Artistas de Iberoamérica FONCA-AECID en México, del programa de residencias artísticas de la Universidad de Colorado en Colorado Springs, Estados Unidos y de la Fundación Yaxs en Guatemala.

Ha publicado Estados de la materia (Catafixia 2017), Central América (Valparaíso, 2014) entre otros libros de poesía;además de los libros de literatura infantil En botas de astronauta y la trilogía Desde las aguas, Desde los espíritus, Desde los orígenesliteratura infantil publicados por editorial Amanuense; y el proyecto ensayístico transmedia Ser el fuegowww.sef.yaxs.org. Además publica periódicamente ensayos, crónicas y opinión en medios de la región.

Como realizador audiovisual ha trabajado en diversos registros entre el documental periodístico, el cine ensayo, la ficción y el video arte; algunos de estos trabajos han participado en espacios expositivos y festivales audiovisuales.

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Un día

mi padre me enseñó

que el ocote

era el corazón de un pino joven.

Que cada vez que prendíamos un fuego,

aquel árbol

se convertía en luz.

El olor,

me decía mi padre acercando su nariz al tronco,

es la memoria del rayo

que estuvo todo el tiempo

a punto de tocar tierra justo en este pino.

Es mejor cuando se inclina,

decía mirando cómo el ocote formaba

una llama del tamaño de un colibrí.

Y hay noches oscuras

en las que pienso en las palabras de mi padre

y en el fuego de un ocote que se prende.

Hay noches oscuras sin fuego,

sin luz,

sin historias

y aún así,

llevo en mí el rastro

de aquel pino joven que nos encontramos

partido en medio de la montaña,

en el pecho, la memoria del trueno.

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Una piedra,
el lecho marino
alzado en hombros
por el fuego.
La lluvia,
la lluvia del martes,
la lluvia del domingo,
el diluvio universal de todos los días,
la tormenta de los siglos,
de los siglos de los siglos,
la lluvia, el tiempo,
que cae sobre la piedra
y se acumula,
y la socava,
y la erosiona,
y la carcome,
y la lame,
y la enmudece,
y la acaricia,
y la recorre,
y la derrite,
y no la agrieta,
la perfora,
la dibuja,
la recita,
le traza en las manos,
las líneas,
el canto,
la memoria.
La gravedad,
la sutil fuerza del silencio,
hacia abajo,
por entre la piedra,
gota a gota
el silencio,
la piedra,
un río.

Un cuerpo,
dos cuerpos,
tres mil
y ciento cincuenta mil cuerpos,
y el río,
y los cuerpos,
y los cientos cincuenta mil ríos,
la piedra.
La suma del tiempo
sobre todos los cuerpos,
el mar.