Martín Díaz -Guatemala-

Quetzaltenango, 1985. Escritor, artista visual y titiritero. Ha publicado los libros de poesía Hiedra (Premio Víctor Villagrán Amaya, Alianza Francesa de Quetzaltenango, 2009) y Este mal (Catafixia Editorial, 2010); el libro de cuentos Escolopendra (Editorial Cultura, 2014); y los libros para niños El prodigioso de la montaña (Loqueleo, 2015); y Los cuatro de Tevián contra el príncipe rebelde (Loqueleo, 2016).

Formó parte de los colectivos literarios Ritual y Metáfora, en los cuales colaboró para la organización del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango desde 2003 hasta 2009, y de Canícula, teatro y títeres como libretista y titiritero de 2009 a 2012, año en que fue becado por la Fundación Muñecos por el Desarrollo como fabricante, manipulador y productor de programas infantiles de muñecos animados. En 2014 desarrolló el proyecto fotográfico en redes sociales “Pienso en Árbenz”.

CERO

palabra labra de

tierra/silencio/limbo

labrador con

hazadón/sonido/signo

canto de madeja con el final tejido al principio

madeja sin cabo

origen sombra

origen borrado de un manotazo primigenio

manotazo sin mano presentido en los ojos negrísimos

[que se abren bajo las montañas de agua

y emergieron los espejos desde su fondo

y fueron las llamas del concierto de anfibios que renunciaron a las olas

al hacerse adictos a la espiral celeste y conocer la dureza de los huesos

Con ojos redondos como de lechuza o Cristo ahumado

[planetas mínimos entre volutas de incienso

se apiñan en la orilla las imágenes a ver el cuerpo

[tótem de carne

en el bloque líquido que le drena el calor

[como lava que se vuelve isla

bajo la tensión ondulada

[coágulo convertido en témpano rojo

mientras se hace sonar el pulso sobre el metal de la realidad

hasta arrancarse del ceno marítimo

y el puente frente a sí se relame a la vista del abismo

Hay parpadeos de relámpago

en las escotillas del naufragio

entre aros de campanadas

que viajan por el agua

como serpentinas de despedida

En los oídos de la inmersión

late la leve promesa de libertad de las ficciones

pero se levanta la carcaza pulsante a martillarlas vergonzosamente

contra las paredes del texto y la forma

en sus desgraciados días de futuro

Las venas alegres se enredaban por los cuerpos

sin poder predecir el próximo giro

En el muro se inventó la captura

el robo de las esencias

y ahora sucede a cada tanto

la aniquilación de la fantasía

en suspenso siempre su masacre

las crucesitas de sus tumbas potenciales en cada “t”

–latido de tumba–

y sobre las lozas tu pobre figura

su sombra echada a los pies de la muerte

pensando, quizá, en la trascendencia

buscando en el sonido del viento

la voz del teúl sin cara

teúl sin nombre

omnipresente

infinito

omnipotente como todo lo que no existe

ni tiene nombre ni forma

Signo cuya pregunta cae al reflejante pozo de sí misma