Norberto Salinas -Costa Rica-

Nació en San José, Costa Rica en el 67. Estudió filología en la Universidad de Costa Rica.  Ha publicado los poemarios “Luna en Bebedero” (1990) y “Mascarón de proa” (2002).

Ha sido agricultor, silvicultor y otros varios oficios.  Desde hace 15 años dirige el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica y desde el 2008 el Taller “Cosechando al otro lado del sol” en la Cárcel CAI La Reforma en Alajuela.   También ha dado talleres a niños y adolescentes en distintos barrios al sur y el norte de San José.

Poemas del libro Luna en Bebedero (1990)

I

                                   Mi corazón está brotando

                                               flores en mitad de la noche

                                               Canto del Atamalcualoyan

No se puede inventar la magia

si no hay una mujer esta noche

 

Desde el balcón llueve

y algo como un tambor antiguo

-concierto de ternura-

estila y no escampa en mis dedos

Podrían brillar de nuevo

esta noche unos ojos

No quiero otro sitio

sino mi ciudad que me castiga

Percibo como nunca

los techos oxidados

Reclamo los ríos en este valle

Llego a cualquier parte

Pongo mi corazón sobre la mesa del bar

Saco un pedazo del alma náhuatl:

en mitad de la noche

está brotando flores

Uno a uno arrancaron los robles

y hasta las flores amarillas

Sobre ellas chorrearon la acera

donde me niego a caminar

Entre este ron barato

y la mujer que no está

hay un asesinato de tranvías

Una ocarina sublevándose

algo como Ejército Expedicionario

y Defensor de la Soberanía

Yo conocí el amor en una trinchera

Recorrí la plaza del triunfo

La calle atestada de banderas

los aviones con las insignias rotas del dictador

Llevo la frente

llena de mis hermanos más queridos

Aprendí el rito

como los antiguos hombres

hacían el amor

con las manos llenas de cordilleras

Qué me importa si no entienden

los que no son capaces de abrirse el pecho

Desde la hoguera del Sukia

que oficia a Sibú Surán

unos ojos

escampan

mi desamparo inmenso

Qué no daría por esas pupilas

meciéndose en la niebla

Soy un hijo irreverente de mi ciudad

y en este momento

saco a bailar la vida

Suena tu vieja pianola

que ya salí a encontrarte

No existen los esquemas

Allá están las montañas

Cuántos bufones mandaron a derrumbarnos

sus nombres no valen un poema

pero mira la noche inmensa

No hay otra luna más bella

que la tuya

¿Y cómo va a ser que no haya

una mujer a mi lado

esta noche?