Ronald Cano -Colombia-

(10 de enero de 1983, Medellín). Gravitó en los talleres literarios de la ciudad de Medellín durante los 90s. Su vida alterna entre la lectura, la sociología, y las bibliotecas. Promueve hace 15 años la lectura con jóvenes, adultos y primera infancia.

Colabora también en algunas revistas y publicaciones culturales. En 2007 recibió el Premio de Cultura Ciudad de Itagüí con poemas inéditos, publicados en la antología del mismo premio.

Publica algunos poemas en el periódico de la Universidad Autónoma Latinoamericana, y en la revista Kabay de la facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia.

En 2012 participa como pionero en la realización del Festival de Cine Comunitario del Barrio Castilla, época por la cual fueron escritos los primeros borradores de “El animalista” poemario ganador del II Premio de Poesía Joven Ciudad de Medellín y el Área metropolitana, convocado por el 23 Festival Internacional de Poesía de la misma ciudad. Publicó en la Revista Prometeo No. 94- 95 en julio de 2013, y en 2015, también compartió algunos de sus poemas en la Revista Internacional de Teatro y Literatura Alhucema de Albolote España, y algunos artículos en el Magazín de cultura contemporánea, Generación, del periódico El Colombiano en 2014. Fue incluido en la Antología de poesía colombiana y peruana “En Tierras del Condor” Bogotá 2014. En 2016 vio la luz su libro sobre bibliotecas, lectura crítica y opinión pública: Entre palabras y tintos. En 2017 es invitado a publicar en la revista francesa L’Oreille du Loup. Pertenece al movimiento poético de Nuevas voces de Medellín.

Coleccionistas

Las ciudades fueron construidas

Por solitarios coleccionistas.

Luego, cada uno huyó

Tan cerca como le fue posible del otro.

Se escondieron en sus rascacielos, y

Sólo se juntaron para ir al zoológico.

Hambrienta de amor

Apestaba a carne rancia, ninguno se interesó en su vientre.

La pulgosa melena escondió sus senos,

Caracoles negros puntillosos.

Pausó cada falange de su esqueleto,

Falseó su rugido para no mostrar la infección en sus dientes;

Una fiera olvidada en la sección de objetos perdidos.

Aguardó oculta en la polución de la ciudad,

Inhaló el tarro de pegamento y  se abalanzó

En persecución de su presa.

Las cebras

Permanecieron

Inmóviles.