Oswaldo Samayoa – Guatemala –

Oswaldo Samayoa. 12 de diciembre de 1992. 28 años. Psicólogo Clínico. Participa en la organización del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango. Ganador del II Certamen Mesoamericano de Poesía Cantos de Trova. Ha publicado el libro Del otro lado del espejo (Proyecto editorial Los Zopilotes 2018).

La neblina cubre la calle de enfrente. 

Ningún grito logra dispersarla; 

llegó para abrazar 

la angustia de la partida, 

de la duda; 

para envolver mis ojos y 

ocultar la tormenta. 

Lo único que puede 

caminar a través de la bruma 

es el tiempo. 

Camina con un cuchillo en la mano 

cortando todos los hilos 

que existen, para finalmente, 

hundir su daga en la memoria. 

Luego, todo desaparece, 

todo se vuelve oscuro, 

todo se convierte

en sombras.

Diré que una cosa es estar solo

y otra muy distinta

es estar abandonado

Alfredo Trejos

Conocí la soledad antes 

de aprender a caminar… 

supe diferenciarla de la nostalgia 

antes de pronunciar 

mi primera palabra. 

El primer día de clases, 

previo a entrar al colegio, 

me encontré con la amargura 

de una despedida 

que acompañaría todos 

mis lunes 

durante tantos años. 

Aprendí a llorar de melancolía 

antes de poder reír 

hasta que el estómago doliera. 

Pude diferenciar 

un abrazo fingido 

y las verdades que los ojos 

escupen sin saberlo. 

Pero, 

a pesar de ello, 

acá estoy, 

tratando de descubrir qué duele más, 

si la ausencia o el abandono.

Mi cama está llena de monstruos

que aprendieron a vivir

del polvo que cae

de mis manos.

Ahora tienen cuerpo propio y

escupen sangre en las hojas

donde vos y yo

escribimos epitafios.

En las horas de insomnio

los escucho susurrar.

Coleccionan piedras pesadas,

como el destino,

que luego depositan

en mi espalda.

Decime,

¿cómo hago para volver a encontrar

tu mirada en el espejo?

¿Cómo puedo traer nuevamente

tu presencia

a este cuarto vacío?

¿De qué forma pronuncio tu nombre

para ahuyentar a los monstruos

que viven de tu recuerdo

bajo mi cama?

¿Cómo?,

si soy débil

y mis suspiros alimentan

la nostalgia.

¿Cómo?,

si las fotografías en la pared

empiezan a caerse 

y desaparecen

al contacto con el suelo.

¿Cómo? 

si los dibujos 

en mis cuadernos

ahora son dibujos muertos.

¿Cómo?,

si el techo comienza a impregnarse

del veneno que deja tu ausencia

mientras yo cierro la mirada

para perderme

en la amnesia de tu rostro.

A la memoria de Jennifer Andrea

Tenía 3 años

la primera vez

que ella me habló.

La vi caminando

cerca de mi cama.

Me veía

con un rostro triste;

sus ojos gritaban

como pidiendo perdón,

como queriendo huir y

esconderse en otra vida.

Al día siguiente

vos naciste.

Hoy, 

después de tantos años

la sigo viendo, rondando

en el que debería ser tu cuarto,

durmiendo en la que debería ser tu cama,

con un rostro

que debería ser el tuyo.

Lleva tu sonrisa

tatuada en el pecho

para recordar la alegría

de ese único miércoles

que estuviste con nosotros.

Sí, también la muerte te recuerda

así como yo,

abrazando tu inocencia,

abrazando tu llanto,

abrazando ese futuro inexistente 

que comenzaba a formarse 

en mis pensamientos:

vos y yo

caminando por el parque,

comiendo helado; 

jugando tenta o escondite o fútbol

en el patio de la casa, 

o castigados por alguna travesura.

Hoy,

después de tantos inviernos

tu ausencia sigue presente, 

clavada

en la entrada de la casa,

junto al espacio vacío

donde debían estar los dibujos

que hubieses hecho

en la escuela.

Vos seguís en mi memoria

cada noche que camino

por las calles de esta ciudad fantasma,

siempre que veo al cielo

y pienso

que fuiste la más fugaz de las estrellas.

Recuerdo aquellas tardes 

en las que mi padre

me enseñó a trepar árboles.

Árboles con ramas

en forma de escalera

que subían hasta el cielo

donde comenzaba a dibujarse

la luz crepuscular

con la que el sol se despedía.

Así fue como aprendí

a buscar las estrellas.

Al llegar a la cima, veía

a los pájaros volar

hacia  libertad;

en mi memoria

aún está escrito:

deseo tener alas

para hacerle el amor al viento.

Nakbé Gómez – Guatemala –

Anabeli Nakbé Gómez Ixcot Nació en Quetzaltenango en 1990. Escritora y actriz. Ha participado en varios ciclos poéticos, lecturas de poesía y festivales artísticos, alrededor de varias comunidades de Guatemala, México y Costa Rica. Ha Publicado un libro llamado “Ri Tzij Aj  Xojoj”, en julio del año 2017, con la Asociación Pequeña  Ostuncalco Editorial. También algunos de sus poemas han sido incluidos en la Antología “Mujeres del Viento” en el mismo año, por Metáfora Editores, en la Antología “Poetas de Quetzaltenango” en marzo 2021, por Sión Editorial, y en la Antología “Una palabra que perfora el tiempo”, en septiembre 2021, por Metáfora Editores. Ha escrito guiones de teatro, poesía y cuentos cortos. Tuvo un reconocimiento como persona ilustre en las letras, en Quetzaltenango, en junio del 2021.

Kukulkan

Serpiente oscura,
 serpiente cósmica,
   serpiente viento.

 


                          Movimiento de luz,


                        movimiento sin fin,
                        movimiento rotativo,
                                                 traslativo.

 

El río serpentino fluye,
  como los pensamientos, ella fluye,
  como los sentimientos, ella fluye,
  como la noche y el día, ella fluye.
                                                                Ella fluye.

 


Caminadora del tiempo, que
lleva en el interior una lluvia de
estrellas flotantes,
             pensantes,
                    chispeantes,
                               para crear,
                               para mover,
                               para ser.

 

                                                                                                   Para ser
                                                                                                   ella cambia de piel,
                                                                                                     en el día menos esperado.

El Árbol de Cerezo

El último suspiro de aquel árbol
Que una manta verde de güisquiles lo cubría
El último suspiro de aquel árbol
Que los pájaros le cantaban alegremente 
El último suspiro de aquel árbol
Que los caracoles lo visitaban de noche y lo teñían de brillo
El último suspiro de aquel árbol
Que sus abuelos fueron crucificados
por culpa de una frontera imaginaria
El último suspiro de aquel árbol
Que llenaba sus ramas de rojos dulces
El último suspiro de aquel árbol
Que conocía nuestros sentimientos más profundos
El último suspiro de aquel árbol
Que cuidaba nuestro frijol, maíz, chilacayote, haba y güisquil
El último suspiro de aquel árbol
Que junto a las luciérnagas… bailaba
El último suspiro de aquel árbol
Hoy lloramos porque se fue.

B’E

No te extrañaré

porque esta rosa con tus recuerdos me llevaré.

Tú serás mi amigo,

un artista nato,

creando las piezas danzantes.

Tú, un gran caminante.

Nos separaremos
para construir el camino 

siempre estando pendiente

de las necesidades de nuestra gente.

y quizás volveremos a vernos

con el sol, la luna y las estrellas

al lado del camino.

Volar

Vuela la imaginación
como vuela el cometa
hacia un lugar sin espera
sin miedos y
aterrizando lejos de lo establecido.

 

Caminando

Cuando caes al fondo y te haces pedazos

y Todo está roto,

y Todo está herido

y Todo está quebrado.

Las olas llevan mis pedazos,

los esparce en la arena,

los golpea,

los hace polvo.

Ando Ausente,

Caminando sin rumbo,

Caminando sin flores,

Simplemente mis pies andan mecanizados para pasearme junto a otro día nublado.

Negma Coy – Guatemala –

Es artista maya Kaqchikel, originaria de Chi Xot – Comalapa en Iximulew – Guatemala.

Escribe poemas, historias y cuentos en idioma maya kaqchikel, en español y con glifos mayas. Es tejedora, pintora, actriz y docente. Le han publicado los libros: XXXK’, Soy un búho, Lienzos de herencia, A orillas del fuego, Tz’ula’ – Guardianes de los caminos y la Colección Kikotem – Historias, cuentos y poesía kaqchikel. Negma Coy trabaja en comunidad con diferentes colectivos para que el arte de los pueblos siga floreciendo. Ha participado en festivales de arte y de poesía a nivel nacional e internacional.

Sonidos de corazones

Abuela Ixchel, abuela maestra, guardiana del tejido

¿Cuál es el sonido de tu corazón el día de hoy?

Vengan…

Vidas en kumatzin

sagrado fuego danzante

abuela luna eclipsada

búho cantor del tiempo

fertilidad de Mamá Tierra

ríos sixageantes en escondites nocturnos

estrellas que destellan caminos nuevos

zumbidos delirantes de verdades ahogadas

sagrados cerros mensajeros de augurios 

pieles que se funden con mi nawal

conexión de energías en distintas dimensiones

alegrías y miradas de generaciones tiernas 

Vengan… 

Aniden en mi Ser

Vibren, palpiten en mis manos

Aquí recibo la voz de cada corazón.

Pum pum, pum pum, pum pum, pum pum

escuchen mi estruendoso corazón kaqchikel

Pum pum pum pum, pum pum pum pum

Abuela Ixchel

mis manos hilan momentos

mis manos devanan sabiduría

mis manos urden el conteo del tiempo

mis manos tejen la historia

tejen la fuerza de nuestras abuelas y abuelos

tejen las luchas de nuestras madres y padres

tejen verdades

tejen resistencia

tejen comunidad

tejen conocimientos en espiral

Mi tejido y yo

un solo latido

Un corazón que habla, que canta, que cuenta, que silba, que trenza, que siembra

que revela la vida en un lienzo.

¿Cuál es el sonido de tu corazón el día de hoy?

Los colores de mi bandera

Mi huipil es mi bandera

mi idioma maya kaqchikel es mi bandera

mi espiritualidad es mi bandera

mi arte es mi bandera

mi tejido, los hilos son mi bandera

el cholq’ij, el haab’ son mi bandera

la milpa y el frijol son mi bandera

mis libros son mi bandera

la ciencia y la tecnología maya son mi bandera

mi pueblo y mi gente son mi escudo

mi fuerza es mi herencia

la palabra es la esencia

y mis hijos son mi libertad.

¿Cómo se llama este tiempo?

Las grandes empresas se creen dueños de las tierras, las multinacionales matan árboles y animales 

y hacen de mi hogar su finca.

Papá lluvia viene con miedo, las milpas están dejando de tener cuatro hijos, los ríos esconden sus caminos

Y los árboles de membrillo lloran por las tardes.

¿Como se llama este tiempo?

La corrupción, el genocidio, el feminicidio, la vanidad, la morbosidad se mofan de la pobreza, mientras festejan untando oro en su pan francés, para después gritar el himno nacional de esta Guate-mala.

La guerra nos sigue anclando hasta el agujero negro de un cielo falso, de ese cielo del que tanto hablan los ladrones de cuello blanco.

Por más de 500 años de despojo y racismo y 200 años de independencia criolla, siguen sangrando las manos de mi padre, siguen sangrando el vientre de mi Madre Tierra…

Cholq’ij

Prrr  prrr  prrr  ut  ut  ut  ut  ut  q’uq’  q’uq’  q’uq’  xpumuuuy  xpumuuuy

Están, estiran sus alas de búho guardián, levantan nuestras plumas de quetzal herido

nos sacuden con fuerza y a veces marcan nuestro cuerpo como al jaguar

zanjean nuestro Ser, surquean nuestro pecho, abren el camino que conecta al inframundo

ahí está, en la punta de la espiral encuentran la cicatriz de contrición.

La luz nos alcanza ¡Bendita claridad! Estamos aquí en el peldaño número nueve

tz’uj, tz’uj, tz’uj centellean los ríos viajeros, las aguas medicina, las que llaman

nos susurran al alma, pero cuando es necesario sin piedad rujen su nombre:

Abuela – Abuelo, Madre – Padre, día – noche, viento, agua, cielo, tierra, tierra, Madre Tierra

pom, rosas, kuxa, ruda, encendamos nuestro ocote y fumemos algunos puros de tabaco.

Que truene, una dos y tres veces que truene ¡Abramos el tercer ojo!

el tiempo arcoíris ha llegado, la metamorfosis de nuestro corazón asustado está cerca

se anunciará con tambor y chirimilla, con chinchines y ocarinas, sí, se anunciará

la muerte y también la vida. Tiembla, nace, crece, florea, amamanta y repite

tiembla, nace, crece, florea, amamanta la ofrenda, la palabra, el número de vida.

Desenredemos la palabra para el encuentro, escuchemos la voz de la sagrada vara

desenredemos los hilos para tejer nuestra piel, convertirnos en jun b’atz’ jun chowen

que los tz’ula’ nos lleven de la mano, ellos marcan el camino, vamos

hablemos con el corazón del cielo, tierra, viento, agua, hablemos con el corazón

seamos fuego, montaña, mar, volcán, colibrí, seamos espíritu y remolino de media noche.

Como aguaceros de mayo 

Ni ruda, ni chilco

ni aceite de almendras

solo llorar

como bebé con cólicos

a media noche, a medio día

llorar por querer liberar mi espíritu

inocente atrapado en la enredadera de tu amor

patalear y desaparecer los pasos que me llevaron a vos

para no regresar

para no buscarte en los delirios nocturnos

delirios como relámpagos

delirios como truenos

como aguaceros de mayo.

Delia Quiñonez – Guatemala –

Miembro de Número de la Academia Guatemalteca de la Lengua; corporación de la cual ha sido directiva.  Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” 2016. Administradora y promotora cultural; cofundadora de entidades culturales y literarias. Ejerció la docencia universitaria y la comunicación institucional. 

Ha publicado poesía, ensayo y narrativa breve; prólogos, ensayos, estudios y comentarios culturales, literarios, feministas y de artes visuales. Su poesía    aparece en importantes antologías de escritores latinoamericanos. Invitada a ferias del libro y festivales nacionales e internacionales de poesía. Brinda asesoría en diferentes instituciones de cultura. 

La Feria del Libro de la Ciudad de Guatemala le fue dedicada en 1999; y, en 2020, el XVI Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango. Galardonada con la orden “Vicenta Laparra de la Cerda”; reconocida por el Instituto Americano de Cultura –IGA-; por las universidades de San Carlos, Francisco Marroquín y Del Valle de Guatemala; y otras entidades docentes, culturales y literarias.

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EN EL FILO DE LA MEMORIA

A quienes perdimos  

A quienes buscamos 

Cada día

           la memoria es el recuento inamovible

                                                 de los días vividos;

           de los días que abrazamos con ternura

o de los que rechazamos

           por las heridas que con hierros ardientes

                                        quemaron nuestras pieles.

Por eso nos aferramos a la memoria

           y desdeñamos el olvido;

por eso nos amarramos

            a esa memoria sin tregua

                    que nos impulsa al reclamo;

            a esa memoria

                    que nos recuerda que los fértiles días 

son hojas que los ríos se llevaron

                     sin saber que arrastraban la vida

                           de inocentes vástagos

                                        de amor recién parido.

La memoria nos mantiene vivos

               aunque nos ahogue sin piedad;

               aunque hurte la miel de milagrosa colmena

              y avive un vuelo de palomas huérfanas

                         de paz y racimos de olivos.

Esa memoria plena

               nos corroe como veneno de

                               serpientes feroces.

Por eso, 

cuando la memoria nos abre  las puertas al vacío

               nos precipita en los deslaves del tiempo

               nos impulsa a seguir viviendo 

                                               y buscando

                las razones para continuar el camino.

Por eso vivimos

            en el filo de la memoria:

esa que dejó huellas

            en cada hoja de primaveras idas.

Nos prendemos a su falda de madre inmaculada

           rogándole que nos precipite al pasado

                           para seguir indagando,

           o para seguir gritando

que queremos estar vivos

            porque las afrentas

                          siguen intactas

                                  sin redención ni olvido.

Sin la memoria

         no comprendemos

que la justicia está llena de telarañas

         donde quedan atrapadas las razones

                                            de la sinrazón.

                             

Por eso, nuestra memoria sigue viva

          en el   perfil de cerros y montañas; 

en las aldeas quebradizas

         a fuerza de oscuras tempestades;

en las ciudades turbiamente civilizadas

          bajo el cielo engañoso del progreso.

La memoria vive y sobrevive

         en los caminos oscuros

cuando el aire y el agua son ajenos

                          bajo encubierto robo.

La memoria nos persigue 

        como lluvia  caída del paraíso

        y nos empuja

               – con inusitada fuerza-

                         a salir del laberinto.

Por eso la memoria 

                           arrecia nuestro grito

           y sacude nuestro llanto sin súplica ni miedo,

                      para seguir viviendo,

                                           para seguir buscando.

ELOGIO DE LA METÁFORA

A los creadores del

Festival Internacional de Poesía

de Quetzaltenango

 

 

Murmullo que multiplica su arraigo en la palabra.

  

 Ola que invade la frontera del silencio 

                        con su leve pálpito de flor o mariposa.

Eco donde se dispersa la esencia

            de las rocas que se arrastran 

                       en una extraña nube de recuerdos.

Arquitecta perfecta de las voces

                      que vibran en las calles,

            en el multitudinario canto de protesta

                      o en el aciago enjambre carcelario.

Luz que brota para anunciar

             que el mundo se transforma 

con la palabra dicha junto al molino que tritura los trigos 

                      haciendo arder la danza del fuego y la ceniza.  

Canto hondo, manantial insondable.

Mensaje que penetra en los sentidos

            y multiplica la palabra para decir que lo negro

                      es también blancura extrema.

Página que reverdece o cambia de colores

            según el trino de los migrantes

                      que empollan su dolor de dignidad errante. 

Manzana de aromas que esparce sus virtudes

           en el confín del hablante que piensa 

                       – un día sí y otro también-

             que en el tiempo no acaban los caminos.

Cantos rodados

Llegó como un río

             transmitiendo voces nuevas

                                    entre las aguas profundas.

A veces era un eco,

             una hoja de hierba,

                                    un pequeño milagro.

Era música de cantos rodados

brillando  -húmeda – 

                     en las tardes soleadas;

sonriendo –agreste –

                      en el rumor de las calles;

cantando – triunfal –

                       entre mis sílabas quietas.

Llegó en un abril antiguo 

          derramando corolas en mis parques

               dejando huellas en mi cuaderno de versos

                             titilando en mi cielo,

               volando en mi nave

                             y navegando en mi barco.

A veces era rumor,

               un farol en la esquina

                                  una puerta entreabierta.

Era un río

       con música de cantos rodados,

              tiempo redescubierto

                          viento y vuelo

                            para el milagro que llegaba

                                        entre las aguas profundas. 

(De Cantos rodados)

MANIFIESTO DE LA  PRIMAVERA *

Misiva de Perséfone

Madre:

no me gusta este reino de tinieblas

          donde ni siquiera el fuego

                    calienta mi corazón

          y donde a fuerza de violencias

             vivo ausente del viento

                     y del barro que fecunda cópulas

                         y eterniza primaveras.

Alguien dijo que vendrías a buscarme

             y que para vengar este encierro de ultraje

                       derribarías trigales

                             desterrarías viñedos

                                   y sorberías el agua de los frutos.

Pero heme aquí, prisionera sin culpa,

         ángel en los infiernos

                  estrella entre murallas,

                              flor entre reptiles.

Búscame sí,

           pero no dejes que Zeus decida por tí

                   ni exculpes al raptor que me encerró

                                       entre fuego y olvido

                                            hurtándome la voz y la palabra.

Porque no quiero ser semilla ni fruto transitorio

            sino agua y viento surcando trigales y viñedos,

                   camino plácido, fuente de delicia

                               y útero bendito por deseo propio.

No dejes que el rencor

                obnubile tu juicio

                       porque otro negociará mi libertad

                                   y entonces, madre,

                       tu venganza será mustia y triste

                           como los meses del invierno

                                     donde tú y yo seguiremos

                                                    cautivas. 

Convocatoria  

Desde una cúspide intensa

                el tiempo convoca a las corolas

                               y a la luz de los días largos

            que intentan definir la primavera

                     con sus misterios boreales 

                            y sus esencias de vírgenes fragancias.

Convocada,  Perséfone

                   invade con suaves claridades

              el orbe antiquísimo que resulta niño

              cuando ella sonríe.

 Y entonces emerge 

                 sobre las tinieblas del eco austral

                 que la mantuvo en silencio

                           al compás de equinoccios y solsticios.

                 

El tiempo la convoca

   y Perséfone retrasa su llegada

       porque antes sacude su llanto

                               sobre el hombro cansado

que Démeter le ofrece 

      cada vez que la primavera inicia su camino

                    sobre la tierra venturosamente joven

                             y en misiva silente desborda su

                                                            tristeza.

                                                                                       

Perséfone  acude a la cita

Ahora, hermosa y trágica, 

               el tiempo la devuelve a la luz,

          a la fértil marea de jóvenes envueltos

                       en el Eros  de los días soleados.

Ella danza, en  alusión suprema de un Boticelli

          enamorado de la vida

 y del paisaje que Venus preside

                   deslumbradoramente  mágica

                   y dulcemente revestida de ternuras.

Perséfone viste colores milenarios

        embriagando de rojos audaces los claveles,

                envuelta en verdes increíblemente

                                       saturados de esperanzas

        volcada en amarillos de trigo esplendoroso

                    y de rosas volcánicas y ardientes.

Llega suavemente corpórea

          como pétalo o corola,

                  como semilla promisoria

          como  viento sutil  de aromas frutecidos cada día.

Llega envuelta de tibiezas, 

        de trinos y pájaros despiertos 

        con el alba de marzos y abriles renacidos

              en un Vivaldi pleno de celestiales músicas.

Llega y toca las puertas de la vida

        sin quebrantar el pasto que alimenta corderos

             para inmolar en el sagrado altar de los

                                                       crepúsculos.

Perséfone  acude a la cita

    sin olvidar que su   tránsito terrestre,

           está marcado por un pronto retorno  a las tinieblas.

La llegada de  Perséfone 

He vueto a la tierra

                 -dice-

 después de un largo  viaje

                  desde las oscuras fosas del invierno.

Veloz y serena 

           llego revestida de alegría

            de cánticos, visiones frescas y arcoiris

para cumplir la voluntad del dios  de las tinieblas; 

       decisión que Zeus, arbitrario como siempre,

               aceptó   para calmar la tristeza invernal

            que mi madre deshojaba con plañideras voces.

Perséfone entristece

Pero estoy aquí, cubierta de dudas y silencios,

            porque  vuelvo a   la tierra

                      con una antorcha en las manos

y sólo encuentro  espacios sin hierba

                               y frutecidas tristezas.

         Nadie acude a recibir mi  mensaje.

Están todos navegando en arenas salobres

       sorbiendo gotas de agua para mitigar las penas

                     que les llegan como torrentes de angustia,

en lugar de los ríos temblorosos de vida

            que en antiguas edades  calmaban la sed 

        y refrescaban la voz para cantar alegrías y salmos.

Dicen que

      -desterrados del paraíso-

                     abandonanon  surcos

 que cuidadosas manos

                  colmaban de semillas y esperanza.

He llegado a un país bañado por dos mares

               que se agitan  sin tregua; 

a un lugar vestido de lagos

             que un día fueron impecables

                            como rostros de virgen.

He llegado a un  paraje breve y tímido

               que custodian impacientes volcanes

    con cráteres que  deshojan  rocas púrpureas 

                                          silenciosas y agrestes.

Es un lugar donde tiembla cada día

        para mecer como en cuna

                 su frágil geografía 

     y encubrir rompimientos violentos

            en sus dulces entrañas de jade. 

Es un jardín donde el cielo impoluto

        resguardaba claveles,

                  aromas, mieles y romeros.

Pero ahora encuentro llamas 

        que calcinan almas  y cuerpos

                          sin redención ni piedad.

Turbios son  los  remansos de los ríos,

          donde los peces bullangueros queman

                          las  últimas velas de su vuelo.

Selvas tristes que se encogen cada día

          al filo de las sierras y de monedas extrañas.

El adiós de Perséfone

Ahora imploro, 

     como sauce llorón tendido en la ladera,

                                     volver al inframundo.

 Ciega,

 regreso al lugar de las tinieblas, 

                     para esperar, 

 con los ojos vendados y una balanza en las manos,

 que mi próxima cita con la tierra

                       tenga el mismo aliento

       que Démeter, generosa y triunfal

                          reparte a manos llenas; 

para  que en el festín de la vida

                 la primavera se deshoje 

                                   clarividentemente lúcida

y envuelva  en luz 

                este planeta mínimo

                      que ajeno a mi tristeza

sigue llorando 

                 envuelto en su soberbia. 

Estarás contento, Hades,

               de volver a verme…

*Según una de las versiones mitológicas, Perséfone, hija de Zeus y de Démeter fue raptada por Hades, quien se la llevó a su reino, el inframundo. La madre la buscó desesperadamente y decidió que en la tierra no creciera  ningún fruto mientras su hija no apareciera. Zeus entonces pide al raptor que la libere y este acepta, a cambio de que la joven pase con él una parte del año y otra en la tierra; periodo este último, que se reconoce como la primavera. En esta interpretación poética, Perséfone lamenta el reino de tinieblas en el que vive; luego describe su llegada a la tierra a pedido de Zeus ante Hades; su frustración frente a una naturaleza primaveral casi destruida por el hombre y anuncia su regreso al reino de las tinieblas.

Heidy Marroquín – Guatemala –

(Guatemala, 1992). Profesora de Lengua y Literatura y Licenciada en Letras. En 2018, Metáfora Editores y el Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango le otorgaron el primer lugar en el certamen nacional de poesía joven por su poemario Trece de junio. Su poemario Bajo los rayos luminosos del farol ganó el Premio Editorial Universitaria de Poesía “Manuel José Arce”, 2020. Su trabajo poético puede encontrarse en publicaciones como: Revista Literaria Obsidiana (Santa Ana, El Salvador); Antología «diálogos & textos contrarreloj, escritoras guatemaltecas contemporáneas, Usac»; IBIS revista digital (Jaibaná ediciones); Fanzine Yomoran Jayatzame y Fanzine Chonchón Lebu, Chile.

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Tomé mis impresiones antiguas

y las convertí en nuevos poemas,

me transformo

como se transforman

las palabras

los gestos

las ideas.

Hay un hombre que se incendia

se ha confundido con el fuego

son las llamas con ira

de manos tenebrosas

no hay un poco de amor en el campo 

abierto en el que corre

la gente lo persigue 

mientras sus ojos se cierran

mientras huye

mientras es abrasado.

El presentador lo nombra: hechicero

su hijo trata de alcanzarlo

sus pies arden como su corazón al caer, 

su calor se confabula 

con el de la tierra

y se convierte en vela

alumbra, 

sus cenizas no descansan

se marcha al conocimiento de lo eterno.

Nuestras voces se unieron 

veníamos de distintos territorios

de lejanas carreteras

indescifrables

nos esperaba una aldea:

Chicacao, se llamaba

las casas de adobe y madera

nos resguardaron.

Si abres tus manos mientras transitas

encuentras los caminos del cortador de café

y de aquel que trabaja la chipa,

lo intenté en el pasado

la fuerza nos nació 

entre los dedos al tocarnos

nos explicamos 

la nostalgia 

desde la geografía de nuestras manos.

La gran ciudad que se derrumba  

El gobierno prevé nuestra muerte,

las mariposas riegan su color sobre la tierra cavada.

Un venado vigila con sutileza

y huye al ver los movimientos de las piernas de la mujer,

quien reporta con temblor,

dónde, el futuro nos espera.

Nuestro cuerpo se desconfigura,

derramaremos nuestra sangre y olor

sobre cerebro, médula espinal y nervios

de nuestros hermanos.

Nos recibirán desde sus sentidos lejanos

allí, donde años atrás,

quienes lanzados desde el escarnio

fueron escondidos por la tierra,

junto a la indiferencia y el olvido de un XX.

Nos abrazaremos sin haber podido explicar

la belleza del reencuentro y el llanto de la ausencia.

En ningún rincón del mundo

cabe nuestra vida,

ni en las estaciones venideras,

ni en la memoria del gobierno,

en la lumbrera del silencio

se escucha a Chopin

y su Fantaisie Impromptu

ahí, resguardo mi corazón,

veo los puertos pintados por Marquet,

en ellos escondo mis ilusiones,

me levanto por la madrugada

y leo los versos de Luis de Lión,

y pienso que soy su otra patria,

que llevo dentro la gran ciudad que se derrumba.

La gran ciudad que se derrumba.

El gobierno prevé nuestra muerte,

pero nuestros sentidos

ya no lo escuchan

porque en la distancia

los niños esperan,

porque en el frío y sin hogar,

se abrazan,

porque hemos aprendido a vivir

en medio del horror y la angustia

siempre, siempre con una esperanza.

De Los rayos luminosos del farol, Editorial Universitaria, USAC

El sonido del río

Son sus pies

los que me habitan esta noche

y es que, la he visto allí

dormida a la deriva.

Costales blancos

que la esconden,

la garganta tiembla a través del teléfono

ojalá se callaran los noticieros

ojalá pudiera correr a salvarla.

Son sus pies

y el sonido del río.

De Los ojos de Nohemí, inédito.