Juana Ramos -El Salvador-

. Nació en Santa Ana, El Salvador, y reside en la ciudad de Nueva York donde es profesora de español y literatura en York College, de la Universidad Pública de la Ciudad de Nueva York. Ha participado en festivales y lecturas de poesía internacionales en México, Colombia, República Dominicana, Honduras, Cuba, Puerto Rico, El Salvador, Argentina, Guatemala y España. Ha publicado los poemarios Multiplicada en mí; Palabras al borde de mis labios, En la batalla, Ruta 51C, Sobre luciérnagas y Sin ambages/To the Point. Es coautora del libro de testimonios Tomamos la palabra: mujeres en la guerra civil de El Salvador (1980-1992). Además, sus poemas y relatos han aparecido publicados en varias antologías, revistas literarias impresas y digitales a lo largo de Latinoamérica, EE.UU. y España. 

Siguanaba

Urbana eres ya,

mujer

de caminos empedrados,

de montes,

polvaredas,

en las esquinas te interrumpes

cada tarde

por bocas

que te han vuelto 

mil versiones.

Te quitan y te ponen,

te achacan

a ese niño que a diario

de cenizas

se alimenta.

Te bañas en el río,

pelo largo

escurriendo 

tantos siglos.

Las quebradas, las veredas

se vuelven

medianoche

al advertirte.

Toque de queda

A las 6 se interrumpe la ciudad,
se abandona a la voluntad

de una ley que a diario la aniquila. 
Un silbato a medianoche,

un motor, un portazo, sonidos

metálicos, suelas en compás

atraviesan sus arterias,

se cuelan por debajo de las puertas  

sometidas a llaves dobles

y cadenas que pretenden detener la marcha.

Puertas vigilantes que hace tiempo

ya no duermen.

Es inútil la vigilia,

ahora la ciudad ojerosa espera a oscuras

en una sala, un dormitorio,

abrazada a unos hijos que se angustian,

a unos padres que tratan de entender,

a un sueño que lo justifica todo,

a una noche triste, la más triste,

desde el primer día anunciada.

Noche-grito que se escurre por las alcantarillas, 

noche de temores aún dueños de sí mismos,

de cuerpos arrastrados por todas las aceras.

A la mañana siguiente, amanece la ciudad,

se despereza, vuelve a su andar cotidiano

como si la noche no existiera.